Quiero ser caminante del mundo

Viajar...¿a quién no le gusta viajar? Conozco pocas personas a las que no les guste, sin embargo conozco muchas formas de viajar. Hay quien viaja por trabajo, hay quien viaja por necesidad, por placer, y después están los aventureros. Suelen ser unos bohemios, personas para los que el verbo "viajar" adquiere unas connotaciones un tanto peculiares. Son esos que hacen de sus viajes un modo de vida.
Ser un viajante puede convertirte en un fino turista de resort pero también en un caminante del mundo.
Viajar es la mejor manera de librarnos de cualquier estereotipo, y es una manera también de conocer el mundo, de salir de un tipo de sociedad para conocer otras realidades, otros modos de vida...
He de reconocer que mi viaje por América Latina me ha eclipsado y ha despertado en mí un espíritu aventurero que ni siquiera creía tener.
Hoy tengo ganas de más. No sé cuál será mi próximo destino ni siquiera cuándo podré volver a cruzar el charco.
Sólo sé que todos, de alguna u otra manera, estamos embarcados en el mismo viaje...en el viaje de la vida. De ti depende cuántas escalas tenga este viaje, tú decides en que estación quieres parar, qué lugar deseas que forme parte de ese imaginario donde se acolpan esos pequeños momentos de felicidad.
Y recuerda, ¡sólo tenemos billete de ida! Aprovéchalo y exprime la vida.

Comentarios

Viajar y vivir fuera de casa

Viajar y vivir fuera de casa hizo que sea hoy mucho mejor persona. Ser inmigrante me dio una visión personal sobre los que llegan a nuestras costas y sobre los que tienen que vivir en una cultura distinta a la que les vio crecer. Abrir la mente a lo nuevo, explorar lugares con un mapa y perderte para volverte a encontrar. Probar los sabores, ir a donde te llevan los olores y maltratar a tu cámara de fotos para capturar todo lo que tu memopria no podrá retener algún día. Se me pone la carne de gallina cuando pienso en todos los sitios a los que fui y me da tristeza saber que hay tantos lugares a los que no he ido, y que tal vez nunca conozca. ¡Que me lo jure mirándome a los ojos el que diga que no le gusta viajar!

Ese es precisamente el

Ese es precisamente el hambre del viajero las ganas de comerse el mundo y conocer cada uno de los rincones de este planeta, muchos de ellos aún vírgenes. Creo recordar que alguna vez tuvimos una conversación sobre este tema. Pensar que hay tantos sitios en el mundo de una belleza infinita que jamás podremos visitar...fastidia. Los seres humanos somos así, queremos conocer y saber de todo, y es hora de aceptar que afortunada o desafortunadamente no podemos abarcarlo todo.

Viajar nos libera de

Viajar nos libera de nuestros prejuicios, nos acerca al mundo y a nosotros mismos, nos da tiempo para pensar, para ordenar nuestros asuntos, para tomar decisiones importantes o para apartarlas por un tiempo, nos enriquece, nos endurece y nos da conciencia de que al final no somos tan diferentes, entre otros efectos positivos.
Sigue con ese entusiasmo, Ana. Así, se exprimen los viajes!

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