El beso imprescindible
Habrá sido por aburrimiento o por culpa de los habituales y, en su mayoría, involuntarios estudios sociológicos que de vez en cuando me embargan, pero el caso es que las monótonas guardias de recreo que me toca hacer todos los viernes del calendario escolar me han hecho llegar a una conclusión: la popularidad de un adolescente en el instituto se mide en besos.
Si tienes dudas, no te preocupes. Yo te explico en un momentito cómo saber en escasos treinta minutos (el tiempo que dura normalmente un recreo en la enseñanza media) si perteneces al codiciado grupo selectivo de los más populares.
Todo empieza en el mismo momento en el que toca el timbre y sales acompañado de tu siamés o siamesa correspondiente, esto es, tu amigo o tu amiga del alma que jamás te abandonará y que secundará todos tus gestos de celebración, asco o sorpresa durante al menos los dos primeros trimestres (en el último, siempre se enfadan por líos amorosos o amigos intrusos). Y justo ahí, cuando empiezas a enfilar el pasillo que te conduce al patio y a la ficticia libertad temporal, comienza la ronda de besos.
Pero hablemos del beso. Porque no es un beso cualquiera. No es un beso de apoyo con el que decir: hola o ¿qué tal? No, es un beso tal cual. Un choque de mejillas con efecto sonoro. Bueno, depende del afecto o el nivel de hormonas con el que te hayas levantado esa mañana, claro.
En fin, que tú no puedes pararte más de 3 segundos. Tienes que mantener tu rumbo fijo y sin improvisaciones. Recibes el beso y continúas con tus cosas. Y eso sí, el caso es recibir, no dar. Este índice de popularidad tan particular es en función de los besos que a uno le dan. En ningún caso, de los que tú decides regalar. No es propio de este grupo selectivo el irrumpir en un corro para espetarle un beso a alguien o agarrar del brazo a alguien para recordarle que aún no le has dado beso en toda la mañana.
Y por el riesgo de contagio de gripe A ni preocuparse. De hecho, después de ver tanto besuqueo desde el mes de septiembre, cada vez más me da por pensar que fuimos demasiado alarmistas con el tema, porque si con estas, no se ha declarado una epidemia en el centro, es que finalmente el virus Nh1 resultaba ser un cordero disfrazado con piel de lobo. Y menos mal.
Bueno, pues ahí queda esta fotografía hecha con cariño, fruto de impresiones generalizadas y quizá distorsionadas (en cuyo caso una servidora se disculpa) del universo adolescente en un instituto cualquiera del centro de Santa Cruz. Un medidor de popularidad extraño pero certero, aunque a éste se suman otros factores como la zona de la escalera o del patio donde te reúnas a comerte el croissant mixto con tus “colegas”, si llevas chaleco, sombrero, enseñas el calzoncillo, exhibes tu escote precoz, apuntalas tu oreja con más de tres piercings o cambias de color de pelo cada dos semanas.
Al menos, afortunadamente, no tenemos que hablar de animadoras y jugadores de rugby como sucede en las prejuiciosas películas americanas para saber si somos de “los guays".Lo dicho, aquí con un beso. Barato y al alcance de todo el mundo…¿será una medida anti-crisis? No sé qué pensar. Si es que los canarios siempre hemos sido muy cariñosos.

Comentarios
¡El Besucómetro de
¡El Besucómetro de Patricia! Podrías diseñar una máquina y hacer un programa. Te paso un esbozo de fórmula matemática con que calibrar la popularidad:
P= [B (br-bd) . Ae] - Ec/Tr
donde P: Popularidad; B: Besos; br: besos recibidos; bd: besos dados; Ae: Amistades encontradas; Ec: Enfermedades contagiosas y Tr: Tiempo de recreo.
Como bien indicas, para que fuese más exacto tendría que incluir un Ch (Coeficiente hormonal) y otro Cg (Coeficiente geográfico; nada que ver los pibes canarios con los mozos riojanos) así como otros factores (ropa, habla, móvil de última generación) pero para qué complicarlo tanto.
Y, por cierto, el PageRank (algoritmo bastante complejo con que Google determina el nivel de popularidad de una página) para nuevosperiodistas.com es de 4/10, lo que no está nada mal. Sigue siendo visitada aunque la participación haya disminuido. Ese dato se me olvidó incluirlo en las estadísticas del otro día, y es revelador. No pinta la cosa tan nefasta, aunque sí es menester acción y reacción.
Creo que no me queda si no despedirme con un beso.
Ais Patri....me imagino el
Ais Patri....me imagino el patio! Bueno, en realidad te imagino a ti con la ceja levantada y la sonrisa a media asta pensando, aqui está la historia!
Me encanta ese termómetro de besos pero, eso sí, nada de prejuiciosas peliculas americanas, el tema instituto, animadoras, jugadores de rugby y marginados ( freaks) es un rito de paso totalmente real. Pero si eso ya se lo dejamos a los sociólogos que a mi me viene grande.
Un abrazo!
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