De valientes
Patricia Álvarez, 18-09-08
Que no me nieguen que hay un destino. Sea escabroso, incómodo o suave y placentero. Hay situaciones prediseñadas, diría que hasta precocinadas, esperando ávidas a que nuestro corazón las deguste. Existe. Hay algo ahí fuera para cada uno. Y, sin embargo, ¡qué intenso es embarcarse en la aventura de luchar contra esa corriente que nos arrastra hacia un lugar que nosotros no hemos elegido! ¡Qué valiente querer arrimarse a una orilla que no se suponía nuestra! Es ahí, al arribar a esos destinos prohibidos, descoyuntado, quizá cicatrizado, pero sin esperanza de recuperación, cuando uno saborea la jugosa victoria, el clímax de la libertad, la sensación exclusiva de ser el único capitán del barco.

Comentarios
quien no se arriesga, no
quien no se arriesga, no tiene nada. Lo malo es arriesgarse y salir mal parado...
¡Oh Capitán, mi Capitán!
¡Oh Capitán, mi Capitán! He aquí un destino:
http://www.elpais.com/articulo/cultura/caja/Pandora/gana/sorpresa/San/Se...
No era favorita (ni de crítica ni de público), no estaba predestinada y, sin embargo, resultó elegida. Y supongo que encontrará un huequito en futuras sesiones de cine pandoreño. Aroma turco...
En los 64 escaques del ajedrez, los peones casi siempre están predestinados al sacrificio. Ciegos avanzan (los únicos que jamás retroceden) en línea recta y sólo pueden modificar su trayectoria cuando liquidan a otra pieza. No cabriolan, a sus anchas, como los caballos ni bailan la mortífera danza de una dama. Aún así, a veces pueden poner en jaque al poderoso jeque del tablero. A veces, incluso, son capaces de derrocarlo, cambiando su destino. Y -como reza el proverbio italiano- "una vez terminado el juego, el rey y el peón vuelven a la misma caja".
También hay que ser
También hay que ser valiente para retirarse a tiempo, antes de acabar completamente chamuscado, de tanto acercarse al fuego.
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