blog de Eloísa Delgado
Soy procrastinadora, bueno, y ¿qué?
Eloísa Delgado, 20-06-08
Desde hace muchos años me preguntaba por qué dejaba los trabajos o los exámenes para el último momento. Reproches propios, ajenos y familiares llegaban constantemente por posponer cosas "importantes". Pensaba que era un problema mio, irremediablemente intrínseco en mi desorden. Pero, hace muy pocos días he descubierto que somos más, que no soy la única a la que el refrán "no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy" no le servía para nada, y a la que siguiendo con el refranero español: "mal de muchos consuelo de tontos" la deja más tranquila.
Procrastinar o procastinar (Procrastinare del latín) es el nombre que recibe este fenómeno al que no quiero llamar trastorno como mucho otros han denominado. Procrastinar consiste en posponer ciertas actividades o situaciones que deben realizarse, por otras de menor importancia, pero sí más placenteras. Se le ha denominado síndrome del estudiante, y como estudiante quiero sumergirme en esa masa informe para no sentir que tengo un trastorno del comportamiento. ¿Quién no ha procrastinado alguna vez?
El silencio de Marta
Eloísa Delgado, 23-05-08Hace muchos años, Marta decidió poner fin a su relación. Se sentía mal, el hombre que amaba ya no la miraba.
Desde hacia tiempo conocía las infidelidades de su marido, pero prefirió el silencio. El silencio la aisló más del mundo. Sólo deseaba chillar, pero se reprimía ante dos criaturas que la miraban. Marta había dejado de hablar, sus hijos lloraban al ver que su madre desaparecía ante el recuerdo de un amor olvidado.
Todas las noches Enrique regresaba muy tarde, se duchaba y se acostaba junto al cuerpo de Marta. No la tocaba, no la besaba, no le importaba que no hablara, Enrique tampoco hablaba.
Sofía odiaba a su padre, conocía las aventuras de Enrique.
Ajeno
Eloísa Delgado, 19-05-08Deambulo por una calle solitaria y oscura. Oigo la radio a lo lejos, pero mis pensamientos no me dejan escuchar. Divago subida en un coche que no siento mio. Un aparato ajeno que se rebela a mis deseos, pero al fin y al cabo me transporta de la rutinaria estancia familiar. La ansiedad acelera mi ritmo, no puedo respirar, no puedo pensar, las palabras se arremolinan en mi pequeña y descentrada sesera.
Mis manos no son mías, no las siento mías, todo es ajeno; ya no soy la misma.
Conduzco en círculos, círculos que recorren en zigzag una carretera desconocida, ajena; no quiero volver.
Regreso a casa, es muy tarde, todos duermen.
No puedo conciliar el sueño.
