blog de Eliecer Reyes Falcón

10 AÑOS

Hacía mucho tiempo que no entraba a escribir, más de lo debido, porque debo admitir que muchas veces me ha apetecido, pero no lo he hecho porque no creía que tuviera nada interesante que decir.

Y hoy no será una excepción, pero ya que no seré capaz de decirlo (que sería lo recomendable), lo escribo.

Es producto de una mente enferma el quedarse anclado en un recuerdo. Y no me refiero a rememorar, sino a quedarse en el día que rememoras. Y lo digo para lo bueno y para lo malo.

Mañana me miraré al espejo pensando en los 10 años bastardos en los que he vivido una vida que no tenía que ser así, pero que ha sido maravillosa.
10 años gracias a los cuales conocí que los amigos no son los que te apoyan para que no te caigas, ni los que te recogen del suelo, sino los que te ayudan a levantarte y sólo te recuerdan que caíste cuando te vuelves a tambalear.

La Ley de los Arcos Dorados. ¡Marchando una hamburguesa!

No sé muy bien cómo explicarlo. No daré muchos rodeos, así que lo explico brevemente:

Mi gata está en celo, y en sus maullidos descomunales, si se agudiza el oido, se puede escuchar perfectamente "¡SEXOOOOOOOOOOO! ¡SEXOOOOOOOOOOOO!". Ante está situación decidí meterme en la red para ver que podía hacer yo. Después de escribir en Google "gata en celo" (cosa poco inteligente viendo el argumento de la mayoría de las páginas que salieron), conseguí entrar en una en la que me decían que podía hacer.

El caso es que después, yendo de enlace en enlace, me topé de frente con una curiosidad interesante y cruel a la vez.

Reflexión sin conclusión lógica

Esto que escribo no está hecho con la intención de emitir un juicio supremo acerca de si la literatura es superior a la música o viceversa (se puede disfrutar de las dos por igual, aunque no es mi caso). Es únicamente una reflexión personal de lo que me ocurre cuando me encuentro frente a un escrito o frente a una canción. Admito que me faltan conocimientos teóricos acerca de ambas disciplinas, por lo que mis razones pueden ser vacías. Intentaré alejarme de mi arrogancia habitual a la hora de discutir y defender mis motivos (los que me conozcan bien, saben que me costará mucho, porque saben que la discusión y la reflexión, con altas dosis de cabezonería que evitan que aprenda en cualquiera de los dos procesos, es uno de mis placeres ocultos).

También añado que la belleza está para ser disfrutada, y la música y la literatura tienen mucho de ella, pero permítanme que les explique porque amo más a una que a la otra.

Día 3,5: El frío de Suiza no es neutral II

Una vez acabado el paseo por el lago Zurich sin encontrar a nadie con quien compartir el bonito momento, me dirijo al centro de la ciudad siguiendo las azules luces del cartel de la fábrica de chocolates Lindt.

Ya tarde me doy una vuelta por la calle más cara del mundo (Banhoffstrasse) y me impacta ver que las cabinas de teléfono tienen desfibriladores en su interior. Imagino que algún estudio habrán hecho para colocar desfibriladores en las cabinas de teléfono, y me gustaría ir a la persona a la que se le ocurrió la idea para preguntarle: "¿Por qué?"

Sin testigos en la calle decido echarme un sueñecito en la Banhoffstrasse (puedo decir que dormí en la calle más cara del mundo, aunque sólo fuera en un banco), pero como es lógico el sueño es corto porque por muy segura que parezca la ciudad no me fío.

Día 3: El frío en Suiza no es neutral

Realmente era hoy cuando iniciaba mi viaje, así que tras una preparación mental y física basada en un capuccino y una napolitana, salgo para la estación de tren de Milán para coger el tren que me llevará camino a Zurich. Allí sobre las 17:00 comeré algo al llegar.

Me acerco a cambiar mis euros por francos suizos. Pero se quivocaba la paloma se equivocaba, porque resulta que en Milán ya no les quedán francos suizos. Alguno llegó antes que yo y se los llevó todos. Lo primero que tengo que hacer cuando llegue será cambiar la moneda.

Día 2: Y no podría ser más feliz

Me levanto. Desayunamos Sergio, Fabrizio (que nunca sabré porqué lo llaman así porque su nombre es Salvatore) y yo. Les explico que mi viaje empieza en Milán y que quiero llegar hasta Auschwitz y volver, que por donde pasaré en la ida y en la vuelta es un misterio. Así que tras debatir la mejor ruta me decido a partir rumbo Auschwitz por Suiza, Alemania y República Checa.

Con los consejos oídos, y tras decidir que ese era mi último día en Milán (en un principio tenía pensado estar más tiempo, pero decido ponerme en marcha lo antes posible), me dirijo a reservar albergues en Zurich, Munich y Praga.

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