blog de Eliecer Reyes Falcón
Reflexión sin conclusión lógica
Eliecer Reyes Falcón, 12-12-08Esto que escribo no está hecho con la intención de emitir un juicio supremo acerca de si la literatura es superior a la música o viceversa (se puede disfrutar de las dos por igual, aunque no es mi caso). Es únicamente una reflexión personal de lo que me ocurre cuando me encuentro frente a un escrito o frente a una canción. Admito que me faltan conocimientos teóricos acerca de ambas disciplinas, por lo que mis razones pueden ser vacías. Intentaré alejarme de mi arrogancia habitual a la hora de discutir y defender mis motivos (los que me conozcan bien, saben que me costará mucho, porque saben que la discusión y la reflexión, con altas dosis de cabezonería que evitan que aprenda en cualquiera de los dos procesos, es uno de mis placeres ocultos).
También añado que la belleza está para ser disfrutada, y la música y la literatura tienen mucho de ella, pero permítanme que les explique porque amo más a una que a la otra.
Día 3,5: El frío de Suiza no es neutral II
Eliecer Reyes Falcón, 14-10-08Una vez acabado el paseo por el lago Zurich sin encontrar a nadie con quien compartir el bonito momento, me dirijo al centro de la ciudad siguiendo las azules luces del cartel de la fábrica de chocolates Lindt.
Ya tarde me doy una vuelta por la calle más cara del mundo (Banhoffstrasse) y me impacta ver que las cabinas de teléfono tienen desfibriladores en su interior. Imagino que algún estudio habrán hecho para colocar desfibriladores en las cabinas de teléfono, y me gustaría ir a la persona a la que se le ocurrió la idea para preguntarle: "¿Por qué?"
Sin testigos en la calle decido echarme un sueñecito en la Banhoffstrasse (puedo decir que dormí en la calle más cara del mundo, aunque sólo fuera en un banco), pero como es lógico el sueño es corto porque por muy segura que parezca la ciudad no me fío.
Día 3: El frío en Suiza no es neutral
Eliecer Reyes Falcón, 11-10-08Realmente era hoy cuando iniciaba mi viaje, así que tras una preparación mental y física basada en un capuccino y una napolitana, salgo para la estación de tren de Milán para coger el tren que me llevará camino a Zurich. Allí sobre las 17:00 comeré algo al llegar.
Me acerco a cambiar mis euros por francos suizos. Pero se quivocaba la paloma se equivocaba, porque resulta que en Milán ya no les quedán francos suizos. Alguno llegó antes que yo y se los llevó todos. Lo primero que tengo que hacer cuando llegue será cambiar la moneda.
Día 2: Y no podría ser más feliz
Eliecer Reyes Falcón, 01-10-08Me levanto. Desayunamos Sergio, Fabrizio (que nunca sabré porqué lo llaman así porque su nombre es Salvatore) y yo. Les explico que mi viaje empieza en Milán y que quiero llegar hasta Auschwitz y volver, que por donde pasaré en la ida y en la vuelta es un misterio. Así que tras debatir la mejor ruta me decido a partir rumbo Auschwitz por Suiza, Alemania y República Checa.
Con los consejos oídos, y tras decidir que ese era mi último día en Milán (en un principio tenía pensado estar más tiempo, pero decido ponerme en marcha lo antes posible), me dirijo a reservar albergues en Zurich, Munich y Praga.
Día 1: Il ritorno
Eliecer Reyes Falcón, 29-09-08Salgo de casa y cojo un taxi llegando al aeropuerto de Los Rodeos a las 5:15, pero Los Rodeos no abre hasta las 6:00 por lo que me toca coger frío y aire solito. Solito porque no aparece ni un alma por allí hasta las 5:45. A lo largo de mis 45 minutos de espera cobra sentido en mi cabeza la idea de la autoinmolación.
Saco el billete para subir al avión (previa frase de la señora que pesaba el equipaje de: "Que ligero mi niño, así da gusto"). El túnel que lleva hasta el avión me recuerda a la película E.T (sí, ¡cuándo lo aíslan los federales!), pero como nadie iba a coger el chiste me río yo solo.
Preparativos
Eliecer Reyes Falcón, 29-09-08Después de haberme despedido el día anterior de algunos de mis compañeros con una cena opípara (no fue realmente tan opípara, pero desde que descubrí la palabra no paro de escribirla) llego a casa y ultimo los escasos detalles del viaje.
Uno de esos detalles consistía en informar a mi gata Lolita del porqué de mi viaje. Ya lo habíamos hablado más de una vez, pero esta vez fue diferente porque no me mordió las manos mientras se lo contaba (quizás verme hacer la mochila le hizo entender que iba en serio).
