blog de Airan Casas

Verano Vogue (Segunda parte)

 Por la boca muere el pez... y muero yo, y si antes digo que yo no leo el Vogue, antes cae en mis manos un hermoso ejemplar, no de la mencionada revista, sino de su hermana mundana, el Cosmopolitan.

 Los que son agraciados como yo, a los que el mundo les regalado pasar el julio y agosto trabajando, entienden que un oficio de cara al público en verano, en Santa Cruz, te proporciona bastantes ratitos para mirar crecer las humedades del techo, sin mucho que hacer. Así fueron las circunstancias en las que cayó en mis manos la versión pocket (nueva cursilería para no decir “de bolsillo”) de la Cosmo, con fondo amarillo y Rihanna mostrando su mejor sonrisa photoshopeada (Ya que estamos con cursilenguadas...)

Verano Vogue

     Da gusto ver como la gente florece en verano. Las caras dejan de parecer mustias y deprimidas, se sale mucho más a la calle, y encima empieza el despelote, dejando ver más piel humana. Bien por los voyeurs y los viejos verdes, pero sobre todo por los grandes artífices de la llamada “operación bikini”.


     El otro día me sorprendió mucho nombrar ese término, afincado ya en la cultura popular, y que hubiese una persona que no supiera a qué me estaba refiriendo. Intenté explicárselo brevemente aludiendo a dietistas y psiquiatras, pero no pareció interesarle demasiado. Bien por ella.

Madrid

Ayer pude mirar a Madrid a los ojos. Detrás de la bohemia, de las luces de neón y del gran nombre de “capital” que resuena como el eco. La miré esquivando los fotogramas idílicos de las películas de Almodóvar y las imágenes de las postales que venden en la Puerta del Sol. Detrás del telón de terciopelo bordado con hilo de oro puedes ver la otra cara de la función.

Viaja canario

    Me permito imitar el eslogan de la horripilante campaña que Coalición Canaria usó durante las últimas elecciones generales (con la ausencia de la dichosa coma incluida) para hablarles de un asunto que, sin quitarme el sueño, me empieza a preocupar.

Eurovision 12 points

Otro año más se oirán las quejas de que Eurovisión es un pucherazo televisivo, y que siempre ganan los países del este. Algunos incluso criticarán la canción ganadora, y dirán que tal o cual país era mejor, y que Ucrania le da los puntos a Rusia tan vivamente como Portugal se los da a España. Y yo, que tengo que resignarme a que mi canción preferida de este año, la deliciosa y elegante balada de la representante de Polonia, haya quedado en último lugar, no me quejaré.

Llenar la cesta

Hoy es día de compra. Tras veinte minutos buscando aparcamiento, entro en el supermercado más conocido de la ciudad. Se trata de ése donde hay productos baratos, y donde acabamos casi todos tras comparar precios. Como siempre está lleno de clientes, que como yo recorren los fríos pasillos, ansiosos por terminar la tortura de una vez e ir a hacer algo más productivo.

Desorientado entre tanto colorido, el ruido mezclado con el incansable hilo musical y el poco espacio con el que contamos al comienzo de mes, me sumerjo en la fascinante tarea de abastecerme para, por lo menos, dos semanas.

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